Descripción
Escribimos estos textos porque pasaron treinta años, o casi, y todavía hay algo de aquella experiencia que no termina de aquietarse. Compartimos nuestras vivencias y reflexiones, injustamente reducidas en estos textos, porque las ocupaciones estudiantiles de 1996 y 1997 siguen reclamando conversación, preguntas, debates, documentos, desacuerdos y nuevas formas de ser contadas.
Fuimos parte de una generación que no pidió permiso para existir políticamente. Extendimos el conflicto mucho más allá de Montevideo y llegamos a ocupar más de treinta centros educativos en distintos departamentos del país. Ocupamos patios, explanadas, calles, ómnibus, radios, boletines, barrios y noches enteras. Discutimos y resolvimos durante horas de forma asamblearia, inventamos nuevas formas de comunicación, organizamos ollas, talleres, peajes, contracursos, marchas y redes de cuidado. Enfrentamos una reforma educativa, a las autoridades y al aparato represivo. Nos siguieron, nos filmaron, nos sancionaron, nos pegaron, nos desalojaron, nos acusaron de peligrosos y de subversivos.
Éramos muy jóvenes y supimos construir una experiencia autónoma, horizontal, de desobediencia y vida común que desbordó los centros de estudio. Practicamos una manera de hacer política y la llevamos a la calle y a los barrios.
¡Ningún ningún! fue un grito, una respuesta, una consigna, quizás un gesto menor, pero sin duda una forma profunda de insubordinación. Frente a cada negativawder, devolvimos otra cosa: la convicción de que todavía era posible desacatar, introducirnos en las grietas y ensayar otros modos de estar juntos, tomar partido por la vida y empujar el amanecer de un mundo nuevo.





